Carmelo Sobrino

Carmelo Martínez Arroyo nace en Manatí en 1948, en el barrio Corujo, entre Manatí, Ciales, Morovis y Vega Baja. Corujo es un barrio limítrofe, una frontera de regiones desde la cual se divisa, en la lejanía, el mar. Hijo de Doña Trinidad Arroyo y Don Carmelo Martínez. Su familia era campesina, de origen humilde pero no pobre, que labraba la tierra para su sustento. Su abuelo trabajaba en la zafra cortando caña, y era también músico de guitarra y cuatro. Su abuela hacía talas de maíz, de batatas y habichuelas. Fue en las hortalizas de tomates, de lechugas y de ajíes que Carmelo desarrolló por primera vez un sentido del color.

Al morir su padre el artista vivía con su madre, sus hermanos y sus abuelos maternos en un campo entre Manatí, Vega Baja y Ciales. Esos primeros años -junto a sus abuelos, María y Juanito- encuentra el arte por primera vez en las manualidades y las artesanías de su abuela, quién hacia instrumentos musicales y tallaba madera.

A los 7 años, cuando su madre se volvió a casar, Sobrino y sus hermanos se mudaron del campo al pueblo, al "Cerro Gandía". Carmelo estudió en la escuela pública de Manatí. En Manatí conoció a Quico, pintor de rótulos, de quien se hizo aprendiz. Quico dibujaba letras en las paredes y en las vitrinas de cristales de las tiendas de Manatí. Sobrino empezó a dibujar midiendo las letras de Quico con regla y pasándoles por encima con un pincel. Por un tiempo se dedicó a hacer rótulos y caligrafía. Asistió a la Escuela Vocacional Miguel Such en Arecibo, donde estudió dibujo de construcción. Su primer maestro formal de arte fue Don Oscar Colón Delgado, quien vivía en Hatillo. Sobrino le mostró su libreta de dibujos y le confesó que no tenía dinero para pagar las clases. Sin embargo, Colón Delgado reconoció el interés y la pasión del joven y fue su mentor y maestro.

Su trabajo como rotulista lo llevó a mudarse a Río Piedras. Allí conoció al poeta José Manuel Torres Santiago, quien le habló de una escuela de arte que acababan de fundar. "Pertenecí al primer grupo de la Escuela de Artes Plásticas de San Juan. Aprendí a pintar y a ser artista. Tuve maestros como Rafael Tufiño, Lorenzo Homar y Carlos Raquel Rivera", recuerda Sobrino. Con Rivera, el joven artista formó una estrecha amistad, aunque reconoce que admiraba a todos estos grandes creadores.

Tras graduarse de la Escuela de Artes Plásticas, sus inquietudes artísticas lo llevan a viajar a México, Estados Unidos, Santo Domingo, Jamaica y Europa, donde conoce y recibe la influencia de los grandes pintores del mundo. En 1969 junto a Antonio Martorell funda “Taller Alacrán” para ayudar a desarrollar el talento de muchachos que habían abandonado la escuela, enseñándoles artes gráficas.

Un año después, en 1970, Sobrino fundó su propio taller, Capricornio, que mantuvo abierto hasta el 1975 y donde produjo muchas obras de arte efímero. También ofrecía clases de arte a los niños.

En 1981 dirigió en España un proyecto de exposiciones itinerantes de murales de artistas españoles y puertorriqueños. Ha sido maestro en la Liga de Estudiantes de Arte de San Juan, Casa Candina y la Universidad del Turabo en Caguas.

Ha participado en importantes exhibiciones individuales como colectivas tanto dentro como fuera de Puerto Rico, siendo la última de éstas la Bienal Internacional de Pintura de Florencia en el 2000. Recientemente ha sido comisionado para confeccionar diversas obras públicas entre las cuales se encuentran el Mural “Horizonte” del vestíbulo del Museo de Arte de Puerto Rico (1999) y el mural para el techo del vestíbulo del Teatro Taboas de Manatí “Mural Constelación Mensajera”.

Ref:

http://www.carmelosobrino.com/esp/biografia.htm

Rosario Ferré/Por Dentro/El Nuevo Día 2004