| Primera Hora
miércoles, 24 de noviembre
de 2004
Wilma Maldonado
Arrigoitía PRIMERA HORA

Rocas
y tierra de la montaña cayeron sobre esta
residencia. (Nelson Reyes Faría / Para PRIMERA
HORA)
|
MANATÍ.-
Un pedazo de montaña se les vino encima.
"Fue como un temblor de tierra y se empieza a
escuchar como estas piedras cayendo. Yo me asomo por la
ventana y veo todo blanco (de polvo) y empiezo a ver la
tierra corriendo, y corrí para la cocina.
De momento todo paró, porque todo fue bien rápido, y
empecé a escuchar a los vecinos gritando que los
ayudaran. '¡Auxilo, ayúdenme, sálvenme!'. Yo pensé que
me iba a morir".
El relato de Evelyn Alsina describe el momento en que
un enorme pedazo de mogote se deslizó ayer a eso de las
7:40 de la mañana hacia una hilera de residencias de las
novena y sexta avenidas de la urbanización Rosales II, en
Manatí.
Ocho residencias quedaron afectadas, algunas destruidas
y otras que, aunque sin desplomarse por completo, tuvieron
serios daños que impiden su ocupación. Así también 11
vehículos fueron destrozados por el deslizamiento que
esparció piedras, tierra y polvo por las calles de la
urbanización.
Nadie resultó con daños físicos, aunque las
emociones salían a relucir por momentos, cada vez que un
residente pensaba en lo que hubiera sucedido si hubiesen
permanecido en sus casas por unos minutos más.
Ése era el pensamiento frecuente de Eli Robles y su
hija Cyndy Santos, quienes salieron de su casa a las 7:33
de la mañana. No habían llegado bien a la escuela donde
trabajan cuando recibieron la noticia de que su residencia
se vino abajo cuando una enorme piedra le cayó encima. En
vez de llorar por la pérdida, la primera expresión de doña
Eli fue agradecer a Dios porque todos estaban fuera de la
casa en ese momento, incluyendo a sus nietos, que esa mañana
desayunaron en su hogar, comentó su hija.
Al observar la casa de doña Eli no se podía saber dónde
empezaba y dónde acababa, porque la montaña la ocupó
toda. Hasta una guagua estacionada en los predios de la
casa quedó tapada por una gigantesca piedra.
Pero, al igual que a esta familia, las casualidades
salvaron la vida de muchos otros en las avenidas sexta y
novena de Rosales II, una urbanización de clase media.
Un cambio en el horario de la farmacéutica Carmen Rodríguez
le permitió vivir para contarlo. El horario de trabajo de
Rodríguez comienza a las 10:00 de la mañana, por lo que
es común que a las 7:40 esté en casa, pero su supervisor
le pidió que ayer entrara a las 8:00 de la mañana y por
eso no estaba cuando el deslizamiento sólo dejó en pie
un cuarto y el balcón de la casa.
No obstante, su mayor agradecimiento era que su hijo
Luis Gabriel Rodríguez, de 22 años, quien a esa hora
dormía en su cuarto, pudo salir con vida.
"Él salió porque los amigos lo sacaron por el
techo de la casa", explicó Luis Rodríguez, padre
del joven. "Gracias a Dios todo el mundo está bien,
lo demás no importa".
Nunca antes los vecinos de Rosales II habían tenido
problemas de deslizamiento de terreno, por lo que el
derrumbe les tomó por sorpresa. De hecho, en un principio
pensaron que hubo un temblor de tierra por el
estremecimiento que sintieron, pero la Red Sísmica no
reportó movimientos telúricos en esta zona.
"El desprendimiento es una cosa normal que ocurre
en estas rocas calizas, lo que pasa que en este caso la
magnitud agrava la situación. Pero las rocas
especialmente estas calizas de la zona kársica están
llenas de grietas y cavidades y con el tiempo se
desprenden", sostuvo el geólogo del Departamento de
Recursos Naturales y Ambientales, Ramón Alonso Harris.
"Lo primero es la seguridad de la gente, que allá
arriba todavía quedan fragmentos de roca que se van a
caer tarde o temprano y hay que buscar la forma cómo
bajarlos. Lo que está abajo dejarlo como protección y
entonces limpiar el cerro de arriba y tratar de examinar
si hay algún otro pedazo inestable", añadió.
La administración municipal de Manatí puso sus
recursos humanos y de equipo desde temprano a trabajar con
la emergencia, que incluyó apoyo de trabajadores sociales
y sicólogos a las familias, según indicó el alcalde
Juan Aubín Cruz Manzano.
"Estamos alquilando ocho viviendas para
transportar a estas familias a esas ocho viviendas durante
el día de hoy. Estamos también creando una orden de
emergencia para comprar los muebles, camas, neveras y
todas las utilidades de emergencia que necesitan esas
familias para equipar esos hogares", dijo el alcalde
penepé.
En tanto, el subdirector de la Agencia Estatal para el
Manejo de Emergencias y Administración de Desastres
(Aemead), Nazario Lugo, indicó que distintas agencias del
Gobierno trabajaban con la emergencia, ya fuera para
manejarla, conocer si la montaña representaba un peligro
para otros residentes así como para prestarle ayuda a las
familias que perdieron sus hogares.
"Vamos a estar haciendo evaluaciones para ver el
alto riesgo al que se exponen todavía las familias que
sus residencias no se vieron afectadas y estaremos
emitiendo opiniones más adelante con relación a esto,
luego que los expertos en estas materias hagan los análisis
correspondientes", mencionó Lugo. "No
descartamos el tener que tomar decisiones de desalojo
preventivo hasta que se determine realmente el causante de
esta situación y si podría afectar otras
residencias", agregó.
Todavía ayer no se habían estimado los daños, pero
el Alcalde piensa que la cifra debe ser millonaria, ya que
no sólo se perdieron residencias, sino también las
pertenencias que había en ellas. Las casas en esa
urbanización tienen un valor en el mercado que sobrepasa
los $130,000, dijo Cruz Manzano.
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