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El Norte
Edición 10 de Abril de 2007
Sandra J. Kuilan Torres
MANATI / La restauración de la Cruz
de Atrio de Manatí, uno de los monumentos más antiguos de Puerto
Rico, ha puesto en evidencia detalles originales de la obra,
insospechados para el propio restaurador, Fernando Cerpa Rivera.
Los trabajos para restaurar la estructura de principios del siglo
18, comenzaron en mayo de este año. Entre las sorpresas que
escondía este tesoro del arte barroco, se hallaron los restos de
lo que parecen ser sus colores originales. Pruebas químicas
demostraron que en un tiempo muy remoto fue una obra colorida.
El restaurador descubrió que la obra “tenía aproximadamente de 6 a
7 capas de pintura blanca que alternaban con 3 ó 4 capas de cal.
Aparentemente en unas épocas encalaban y en otras pintaban”. Pero
bajo esas capas, en el retabillo donde se encuentra la imagen de
la Virgen Dolorosa, se encontraron rastros de varios tonos de
azul, amarillo, anaranjado y terracota.
Probablemente los colores fueron añadidos con cal. El restaurador
propone que esos rastros de color permanezcan descubiertos. Que se
muestre cómo debió ser originalmente.
También se descubrió que la Cruz tuvo por lo menos dos
restauraciones y fueron para reparar sus brazos. En uno de ellos
se halló una cuña de madera. Una prueba de Carbono 14 dará una
idea de la fecha en que pudo ser reparada. En el otro brazo se
halló un pedazo de varilla oxidada. Ambas piezas fueron
reemplazadas con acero.
Otros análisis demostraron que 4 hongos descomponedores cambiaron
la consistencia de la roca calcarenita. El arqueólogo Carlos M.
Ayes Suárez sospecha que la roca pudo ser traída a Manatí desde el
pueblo de Ciales. El avanzado estado de descomposición de la misma
no imposibilitó el trabajo de Cerpa Rivera.
Para devolverle solidez a la roca tuvo que inyectarle un químico
consolidante. Luego, al monumento cuyo peso es aproximadamente
4,000 libras, se le hizo una limpieza mecánica y posteriormente
una limpieza química. La primera consistió en la remoción de la
suciedad a mano, pulgada a pulgada. La segunda se hizo con agua
oxigenada.
Ahora, pueden notarse detalles como las expresiones en los rostros
de algunos ángeles y querubines, roturas provocadas quizás por
accidentes o por fenómenos atmosféricos. Pero, ¿cuáles de esas
hendiduras serán selladas o reparadas?
“Cuando uno restaura, uno tiene que respetar sobre todas las cosas
la antigüedad de la obra. Muchos de esos golpes son históricos.
Bien porque fueron hechos por una tormenta, o bien por el
desgaste… Son parte de su historia,” explicó Cerpa Rivera.
Uno de los ángeles esculpidos en la obra presenta una grieta en el
rostro. ¿Qué fue lo que sucedió para que se formara la hendidura?
Es un misterio y así permanecerá. Intacta.
Tampoco se sabe por qué el escultor decidió hacer lo que parece
ser una tapa en la parte superior de la Cruz. Dentro no se halló
nada, pero se cree que no siempre estuvo vacía.
La Cruz de Atrio estuvo casi 300 años expuesta a la intemperie y
‘sobrevivió’. Cerpa Rivera advirtió, que ahora lo más importante
es el mantenimiento que se le dé. Recomendó no moverla del pórtico
del cementerio, donde se encuentra ahora, y que se controle la
temperatura del lugar.
Pero, para garantizar la protección del monumento, ahora el
gobierno municipal tendrá que buscar una solución al problema de
inundaciones en el cementerio. De lo contrario, de surgir una gran
inundación, las consecuencias podrían ser fatales.
Todo el proceso de restauración es documentado para beneficio de
las futuras generaciones. Esto incluye fotografías con luz
ultravioleta y luz infrarroja. Cada análisis, cada limpieza, cada
descubrimiento es documentado.
El municipio planifica develar la obra restaurada el próximo 2 de
noviembre durante la Misa de los Fieles Difuntos que se celebrará
en el mismo cementerio.
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