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| José Miguel Class,
“El Gallito de Manatí” (Primera Hora/Luis Alcalá
del Olmo) |
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Boricuas en
la bachataLe someten al “tinquin
tinquin”
Gallito de Manatí pionero de la bachata boricua
martes, 25 de noviembre de 2008
Héctor Aponte Alequín / Primera Hora
“Si ellos se tiran a cantar
bachata, tienen que aprender a hacerlo. El ritmo les sale igual,
pero el tintineo no es lo mismo. A veces lo hacen ridículo y no se
escucha bien. Desafinan... y ésa no era. Hay que tenerle respeto
al género”, advierte José Cid.
No es músico, cantante ni dominicano. Cid es un carolinense de
apenas 15 años de edad que se enamoró de la bachata desde que
tenía 11. Se la baila y se la goza, pero le gustaría que hubiera
más puertorriqueños comprometidos con interpretarla con el mismo
ahínco con el que han hecho merengue.
José Miguel Class “El Gallito de Manatí” es uno de los vocalistas
al que le reconoce éxito en el cumplimiento de ese cometido.
“Lo importante de la bachata viene del bolero romántico del ayer,
de hoy y de siempre. Pero el mundo del mercado discográfico tiene
que aprender que sí vende, darle más promoción, ser más atrevido”,
establece José Miguel Class en entrevista con este diario.
El intérprete reflexiona sobre su carrera y llega a la conclusión
de que los boricuas tienen las capacidades para entonar diversos
géneros musicales sin que estos últimos pierdan su esencia.
“Yo he grabado 13 géneros. Tuve muchísimo éxito en los años 70 con
las rancheras mexicanas, y yo entiendo que nunca perdieron su
esencia mexicana. Lo mismo pasa con la bachata, que me la piden
muchísimo. Cuando grabé un primer disco de bachata (“El Gallo
Bachatero”, 2004), se vendió como pan caliente. Pero lo que yo
llevo en el corazón es la música típica de Puerto Rico: el seis,
la plena...”, expresa el cantante.
Relata que la compañía de Juan Vidal falló en no grabar más
bachata con él, pues disminuyeron sus ventas una vez regresaron al
“José Miguel Class clásico”, título del cedé que le siguió a
aquél. Matiza que la bachata que él hizo es la campesina, la más
típica, sin fusiones; aun así arrasó.
Samaris, “La Bachatera del Pueblo”, entiende que es necesario
“estudiar bien un género antes de lanzarse a cantarlo”.
“Nosotros, los boricuas, somos como frutas bien deliciosas, somos
hermanos de sangre y culturales de los dominicanos y cubanos, así
que podemos compartir nuestra música. Eso sí, le damos un sabor
especial”, opina la voz de “Mil vidas te conocí”.
Específicamente con la bachata, Samaris observa que, cuando la
canta o baila un boricua, tiende a ser un poco más movida.
“Tiene que ver bastante con (la influencia de) el reguetón y la
salsa. Entonces, por supuesto, la bachata de un puertorriqueño es
más rápida. Pero la diferencia no es tan notable. Tienes que estar
pendiente para verla. Y claro, eso no significa que la nuestra sea
mejor ni peor”, expone la autora del disco de bachata “No soy
esclava de nadie”.
Esa observación fue avalada por una serie de personas
entrevistadas por este periódico en el restaurante El Taíno, La
Casa del Chillo, en Piñones, Loíza; algunos de ellos fanáticos de
los bachateros boricuas Sonya Cortés y el grupo Flor de Tabaco.
Desde allí, entre individuos de diversas edades, una orquesta en
vivo y frituras, fue que José Cid hizo su análisis.
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