Por fin, y tras largos años de espera, se levantó el velo de misterio que
se cernía sobre las ruinas de la antigua central La Esperanza en Manatí.
El Fideicomiso de Conservación de Puerto Rico decidió celebrar su fiesta
del aniversario número 40 en estos predios, para lo cual abrió de par en
par los portones que por tanto tiempo vedaron el paso, e invitó a las
comunidades aledañas y el público en general a pasear por toda la hacienda
y ser partícipes de los festejos.
A pesar de unas persistentes lloviznas, al convite acudieron decenas de
personas. Las primeras visitas las recibió la vetusta casona, que fue
morada de don José Ramón Demetrio Fernández y Martínez, Marqués de la
Esperanza. El avanzado deterioro causado por los años de un total
abandono, y peor aún, los daños ocasionados por el huracán Hugo en el 1989
impidieron que fuera posible realizar una restauración, como tal, de la
estructura. No obstante, se logró una reconstrucción de la casona que
refleja lo más fielmente posible el estilo arquitectónico y su apariencia
original.
La planta baja alberga un laboratorio ecológico dotado con las
herramientas y recursos más avanzados para la investigación científica
sobre el medio ambiente. Aquí se encuentran las secciones asignadas a las
investigaciones sobre los murciélagos y la espeleología, botánica,
crustáceos, ornitología, arqueología y la zona costera.
El segundo piso está destinado al área de interpretaciones, constituida
por secciones donde se exhiben piezas históricas de la Hacienda del siglo
19, tales como: mobiliario típico de la época decimonónica, una extensa
colección de diversos machetes que fueron utilizados para el corte de la
caña de azúcar, un amplio bordado donde figuran escritas las querellas que
a los esclavos se les permitía levantar contra sus amos; además de
estaciones gráficas, ilustrativas de los trabajos llevados a cabo en toda
la extensión de los terrenos de la Hacienda la Esperanza.
La ceremonia de la conmemoración tuvo lugar en la reconstruida "casa de
purga". El licenciado Fernando Lloveras San Miguel, Director
Ejecutivo,
destacó la labor desempeñada por el Fideicomiso de Conservación durante
las últimas cuatro décadas, en la protección de terrenos ecológicamente
insustituibles, que constituye su misión central. Hoy la organización
cuenta con las bahías y lagunas bio-luminiscentes de la Parguera en Lajas y
las Cabezas de San Juan en Fajardo; el bosque cafetalero de la Hacienda
Buena Vista; el Cañón de San Cristóbal en Barranquitas y Aibonito; las
corrientes subterráneas del río Encantado en el Carso; los valles
aluviales de la Hacienda La Esperanza en Manatí; los Guajonales de Maunabo;
el bosque seco de Bahía Ballena; las Cuevas del Convento en Guayanilla y
Peñuelas; los manglares de la antigua base militar en Ceiba; y desde luego
la Reserva Natural doña Inés María Mendoza en Punta Yegua, Yabucoa. "Hoy
contamos con más de 23,000 cuerdas de terreno bajo la tutela del
Fideicomiso"señaló.
Según el lic. Lloveras, los fundadores del Fideicomiso de Conservación
establecieron algo más allá que simplemente un banco de terrenos valiosos.
La organización se conceptualiza como un gran ejemplo de una institución
privada al servicio de un fin público.
"Durante la formación del Fideicomiso de Conservación, nos dimos cuenta
de la necesidad de explicar nuestra misión. Muchas personas no entendían
el porqué protegíamos tan celosamente nuestras áreas naturales. Era bien
difícil para algunos entender por qué ciertos terrenos simplemente no
podían utilizarse para el desarrollo, según cada cual lo definía. Y así
comenzamos a realizar encuentros con la
naturaleza. Hoy los intérpretes ambientales del Fideicomiso ofrecen a más
de 80,000 personas por año una programación de sobre 50 encuentros que
enfocan en la importancia de nuestros sistemas ecológicos y en la huella
humana en cada uno de ellos.
Nuestros intérpretes ambientales al igual que
nuestro personal de apoyo se han preparado con las mejores herramientas de
interpretación y conservación a nivel mundial. Los invito a todos a que
visiten a nuestras áreas naturales, que son suyas, para que nos ayuden a
conservar"
Conducente a estos propósitos, uno de los programas más exitoso del
Fideicomiso de Conservación de Puerto Rico ha sido "El Ciudadano
Científico" auspiciado por el National Science Foundation, para
desarrollar ciudadanos científicos voluntarios que participen activamente
en la investigación ecológica en la Reserva Natural Hacienda La Esperanza,
Cualquier persona de 12 años o más puede participar en alguna de las
investigaciones que se realicen como parte de los seis proyectos
científicos que se llevan a cabo en la Hacienda La Esperanza. Cada
investigación es supervisada por un científico reconocido en su campo.
Durante el evento se enfatizó en el lanzamiento de la campaña para el
programa "Mapa de Vida". La alocución referente al tema estuvo a
cargo de Jorge Báez Martínez, Director de Operaciones.
Esta es una herramienta cuyo propósito
primordial es compilar toda la información relacionada con los
ecosistemas que existan el la Isla.El esfuerzo se enfocará en el diseño, desarrollo e
implementación de un ambicioso proyecto, dirigido hacia la creación de una
voluminosa y compleja base de datos digital, cuya interfase operativa para
su interpretación y utilización se fundamenta en un mapa virtual,
multidimensional e interactivo. Por medio de esta imagen geográfica virtual,
compuesta de capas interrelacionadas, será posible introducir al sistema
los datos recolectados, procesarlos y acceder a la información almacenada,
e inclusive desplazarsede forma lineal entre fechas para observar
cambios ocurridos en lapsos específicos de tiempo.
"Con este sistema computadorizado buscamos no tan sólo conservar con
sentido los sistemas ecológicos, sino también buscamos comenzar un debate
sano, sobre bases objetivas, de cómo convivir con la naturaleza. Nos
permite identificar y medir impactos y predecir los efectos de las
decisiones que vamos a tomar. Nos va a ayudar a establecer escenarios de
uso de terrenos e identificar áreas que se deben proteger, áreas de alto
valor ecológico, y va a establecer mucho mejor comunicación entre los
usuarios de terrenos”, aseveró Lloveras.
"Esta
herramienta estará disponible a todos los sectores, a los estudiantes, los
científicos, desarrolladores y ambientalistas. En fin, es una herramienta
para todos los puertorriqueños. Este sistema, que conlleva un proceso
continuo de retroalimentación, se encuentra en su etapa de validación y
pronto podrá rendir frutos" acotó el lic. Lloveras
Máquina de vapor y trapiche. Archivos HAE del
1976.
El momento cumbre de la actividad ocurrió con la puesta en marcha de la
réplica del trapiche y la máquina de vapor que en el pasado existió
en ese lugar. Para la construcción del artefacto mecánico se utilizaron
como modelo, antiguas piezas que aún existen almacenadas, planos y
diagramas de la maquinaria original. El trapiche logró exprimir la caña
que le fue suministrada y produjo el pardo y dulzón guarapo, primer paso
en la elaboración del azúcar de caña.