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Fotos de Manatí

Una vereda especial

 

Respira, relájate y conéctate con la naturaleza en los caminos
de una reserva protegida

lunes, 28 de febrero de 2011
Por Camile Roldán Soto/El Nuevo Dia

Sus entrañas abrigan una parte del abasto de agua más importante de Puerto Rico. Es habitat de insectos, aves y plantas, varias de ellas endémicas y en peligro de extinción. Contiene en un solo lugar varios ecosistemas y es visitado por investigadores de sitios tan lejanos como Eslovenia. Más, sin embargo, muchos puertorriqueños desconocen sus riquezas.

La Hacienda Esperanza en Manatí es una reserva natural de 2,286 cuerdas rescatada y custodiada por el Fideicomiso de Conservación de Puerto Rico. Esta entidad sin fines de lucro se encarga de protegerla pero además de ofrecer a los ciudadanos de aquí y del mundo la oportunidad de conocerla, apreciarla y, por supuesto, gozarla.

Con este fin la organización trazó varias veredas en la extensa propiedad, a través de las cuales los interesados en adentrarse a sus tesoros pueden disfrutar de recorridos guiados por un intérprete ambiental, usualmente geólogos o botánicos de profesión que les muestran y explican las particularidades de la zona con la sapiencia que ofrecen muchos años de estudios y evidente interés y respeto al ambiente.

Karen J. Bunce Rodríguez, una joven geóloga es una de ellas. Uniformada, sonriente y acompañada de Javier González Bauzá, superintendente auxiliar de esta entidad, nos recibió una mañana reciente en La Casona del Marqués. Este es el centro de actividad de la propiedad. Es una reconstrucción de la imponente estructura original que data del 1800, cuando la hacienda era reconocida como una de las más modernas productoras de azúcar.

Antes de entrar a conocerla nos dirigimos directamente al camino guiados por Javier y Karen.

“En las veredas las personas conocen de tú a tú la naturaleza. Es la manera en la que podemos sembrar esa semillita de conciencia para que se entienda la necesidad de protegerla y porqué invertimos en su conservación”, establece Karen.

En principio, explican nuestros guías, espacios como La Esperanza son importantes porque en relativamente poca extensión de terreno se encuentran variados ecosistemas tales como mogotes, humedal salubre y bosque costero. Pocos sitios en la Isla son guardianes de esta diversidad, importante para la supervivencia de muchas especies de flora y fauna y la seguridad de indispensables abastos de agua potable, entre muchas otras razones.

Sorpresa al andar

En el caso de los terrenos de la hacienda, una pequeña parte se mantuvo intocable debido a que era difícil cultivarla. Pero en la mayoría, el Fideicomiso trabajó durante años para ayudar a la naturaleza a remendar el impacto de la actividad agrícola. Gracias a esta gestión hoy es posible observar en la zona especies de pájaros amenazados como la chirría o de árboles como el Palo de Rosa, cuyo hallazgo sorprendió al personal del Fideicomiso pues sólo se conocía de unas pequeñas poblaciones en Isabela y Ponce. Descubrir un árbol grande de Palo de Rosa y unos 20 a 25 más pequeños a su alrededor sig nificó el desvío del camino original.

“En el País se estimaban menos de 500 individuos. No se habían estudiado ni se sabía nada sobre el polinizador que les ayuda. El doctor Eugenio Santiago pudo describir la flor y se descubrió que al parecer la especie florece cada cinco años y que su polinizador ya no está en Puerto Rico o está extinto”, señala Karen.

Acompañan al Palo de Rosa otras especies como el Espino rubial. Uno de ellos es inmenso y parece una Ceiba, pues también tiene espinas en el tronco y grandes raíces que se levantan como un laberinto de paredes. El Espino rubial es uno de los árboles que más abunda en la zona del Karso, por donde nos desplazamos durante la larga caminata. En el área norte de Puerto Rico, unas 340 mil personas se suplen directamente del acuífero de este lugar y alrededor de un 50% de los habitantes del sur, donde hay menos abastos del vital líquido, también dependen de él.

El área del Karso, que es eje de controversia, está formada por caliza, cuya peculiaridad es ser porosa y permeable, lo cual permite que al llover el agua se filtre y llegue limpia a los cuerpos de agua.

“Si no existiera el Karso se afectaría nuestra reserva de agua, se secaría o se contaminaría”, explica Karen.

Se cuela la cultura

Continuamos zigzagueando entre los árboles, entre subidas y bajadas y encontramos más árboles como el Almácigo, popularmente conocido como el “tourist tree”. El apodo es un reconocimiento a su corteza rojiza que se desprende fácilmente, como la piel de un turista de tez muy blanca “que se queman rojito y se pelan”.

Igual que muchas especies a nuestro alrededor, este árbol también tiene su lugar en la farmacia de la naturaleza puertorriqueña. Décadas atrás, explica Karen, “cuando no había dinero para comprar comida nuestros abuelos hacían con la corteza un té y con eso duraban el día”. Hoy, pacientes de cáncer utilizan la misma receta para reponer fuerzas con la bebida rica en minerales y vitaminas.

Con otras plantas, por el contrario, hay que tener cuidado. En la vereda hay distintos tipos de variedades urticantes cuyo roce es suficiente para enrrojecer y molestar la piel durante horas. La flora incluso hace reír por el nombre gracioso con el que a alguien se le ocurrió apodarlas y así han seguido reconociéndose generación tras generación, como la ‘lengua de suegra’ en alusión a su hoja amplia y larga.

Entre ese verdor se pasean las reinitas migratorias, que en diciembre llegan desde Estados Unidos y Canadá a buscar calor. También las tarántulas puertorriqueñas, que sólo salen de noche, y los ‘Alina Cubieri’, que es el lagartijo más grande de la Isla, parecido a una iguana con ojos de camaleón.

Al bajar un sendero encontramos el eco tono. Se le llama así a la zona de transición entre dos sistemas diferentes. En este caso, dejamos a un lado los mogotes para encontrar el principio del humedal. Aquí se acumula el agua que desciende de los mogotes cuando llueve. Hace muchísimos años prácticamente todo el litoral del norte tenía esta característica. Hoy, al igual que ocurre con los pajaritos, insectos y plantas que acabamos de dejar atrás, queda muy poco.

Recorridos:
Todos los jueves:
8:30 a.m. a 10:30 a.m.
1:00 p.m. a 3:00 p.m.
Viernes:
8:30 a.m. a 10:30 a.m.
1:00 p.m. a 3:00 p.m.
sábados:
8:30 a.m. a 10:30 a.m.
1:00 p.m. a 3:00 p.m.
domingos:
8:30 a.m. a 10:30 a.m.
1:00 p.m. a 3:00 p.m.
Reservaciones por teléfono:
(787) 722 5882
(787) 722 5844