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MANATÍ - “Al mediodía tuve un presentimiento de que
mi nena se iba a ahogar. Entonces sentí unas punzadas en el corazón. Fue
un presentimiento bien fuerte. Ya sé que la perdí. Ella era mi querendona.
Ya nada será igual para mí”, dijo Ángel Pagán Rosario, padre de la niña
Yashira Pagán Reyes, de 12 años, quien el viernes en la tarde desapareció
en medio del fuerte oleaje del océano Atlántico.
La niña desapareció cerca de las 3:30 p.m. de ese día en La Poza de Las
Mujeres, un pequeño paraíso ubicado en el barrio Boquilla de Manatí, que
está rodeado por suntuosas casas de playa de jueces y fiscales.
Tres horas antes, en un taller de hojalatería ubicado en Arecibo, Pagán
Rosario había presentido que las aguas enfurecidas del mar se tragarían a
su hija para no devolverla más.
“Tuve ese presentimiento mientras me comía una empanadilla. No había
querido comer algo más fuerte porque todavía tenía que trabajar”, dijo
Pagán Rosario, quien es hojalatero.
El hombre se veía abatido mientras caminaba por el amplio balcón de una
casa de playa frente a la Poza de Las Mujeres, que se ha convertido en el
cuartel de búsqueda que realiza un contingente de 30 efectivos de la
Defensa Civil y Manejo de Emergencias de cinco pueblos de la zona norte.
“El fuerte oleaje es la causa de la desaparición de la niña. Hoy (ayer)
por poco se ahogan dos menores en Vega Baja por el fuerte oleaje”, dijo
Héctor Vega, director de la Defensa Civil de Manatí, a cargo de la
búsqueda.
La poza donde ocurrió la tragedia es un enclave de fina arena amarilla que
se sumerge en el agua cuando sube la marea y que una enorme piedra protege
de las aguas profundas del Atlántico. La tarde del viernes, Yashira se
encontraba en esta playa con su hermana Noemí Pagán Reyes, de 15 años y
con los jóvenes José Feliciano Torres, de 19 años, y Rolando Feliciano
Torres, de 16.
“Mi hija Noemí me dijo que una ola bien grande saltó por la roca y también
se coló por la derecha y por la izquierda (de la roca). Noemí sujetó a
Yashira pero el agua era tan fuerte que se la sacó de los brazos”, relató
Jinette Reyes, madre de la infortunada.
“Noemí me dijo gritando que ella hubiera querido que el mar se la llevara
a ella. La nena no dejaba de gritar”, recordó Reyes cuando llegó hasta su
hija sobreviviente el viernes a las 6:00 p.m.
“Tan pronto lo supe vine para acá”, agregó Reyes, quien también se
encontraba en el balcón de la casa de playa y no dejaba de mirar el mar.
El matrimonio está separado desde hace 10 años. Pero desde tres meses
atrás las niñas abandonaron la casa de la madre en el pueblo de Manatí y
se fueron a vivir con su padre.
Pagán Rosario, quien reside en Arecibo, dijo que para que las niñas no
perdieran el semestre escolar en la escuela Augusto Cohin, de Manatí, las
dejó entonces con su padre y abuelo de éstas, en el sector Cantito, del
barrio Boquilla de este pueblo.
“El jueves vine a traerles la compra y me pidieron permiso para ir a la
playa el viernes. Yo les dije que no. Pero como insistieron tanto y
dijeron que iban a celebrar el cumpleaños de un amigo, las dejé ir”,
relató el padre.
“La nena se me graduaba en mayo de sexto grado y tenía buenas notas”,
agregó Pagán Rosario sin despegar la mirada del mar embravecido.
Vega dijo que su agencia entró en acción a las 4:07 de la tarde, que fue
la hora cuando se recibió la llamada de emergencia en el 9-1-1.
“Cuando llegamos, encontramos a los tres muchachos con heridas en sus
extremidades porque el oleaje los arrastró contra las piedras”, dijo Vega.
Mientras caía la tarde, el fuerte oleaje del mar azotaba inclemente la
costa ante la mirada cansada de los rescatistas, quienes reconocían que la
noche los obligará a suspender la búsqueda. Pero el deseo de recuperar el
cuerpo de su hija mantiene en vigilia a los padres. “Ese mar que se llevó
a mi hija me la tiene que devolver”, dijo Reyes.
El padre se ocultó cerca de una palma y si dejar de mirar el mar sostuvo:
“Ya nada será igual para mí”.
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