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“Ese mar que se llevó a mi hija me la tiene que devolver”
El fuerte oleaje se lleva a una niña de 12 años en Manatí.

 

domingo, 14 de febrero de 2010
Miguel Díaz Román/ El Nuevo Día
 


 

Ángel Pagán Rosario, padre de la niña desaparecida.

MANATÍ - “Al mediodía tuve un presentimiento de que mi nena se iba a ahogar. Entonces sentí unas punzadas en el corazón. Fue un presentimiento bien fuerte. Ya sé que la perdí. Ella era mi querendona. Ya nada será igual para mí”, dijo Ángel Pagán Rosario, padre de la niña Yashira Pagán Reyes, de 12 años, quien el viernes en la tarde desapareció en medio del fuerte oleaje del océano Atlántico.

La niña desapareció cerca de las 3:30 p.m. de ese día en La Poza de Las Mujeres, un pequeño paraíso ubicado en el barrio Boquilla de Manatí, que está rodeado por suntuosas casas de playa de jueces y fiscales.

Tres horas antes, en un taller de hojalatería ubicado en Arecibo, Pagán Rosario había presentido que las aguas enfurecidas del mar se tragarían a su hija para no devolverla más.

“Tuve ese presentimiento mientras me comía una empanadilla. No había querido comer algo más fuerte porque todavía tenía que trabajar”, dijo Pagán Rosario, quien es hojalatero.

El hombre se veía abatido mientras caminaba por el amplio balcón de una casa de playa frente a la Poza de Las Mujeres, que se ha convertido en el cuartel de búsqueda que realiza un contingente de 30 efectivos de la Defensa Civil y Manejo de Emergencias de cinco pueblos de la zona norte.

“El fuerte oleaje es la causa de la desaparición de la niña. Hoy (ayer) por poco se ahogan dos menores en Vega Baja por el fuerte oleaje”, dijo Héctor Vega, director de la Defensa Civil de Manatí, a cargo de la búsqueda.

La poza donde ocurrió la tragedia es un enclave de fina arena amarilla que se sumerge en el agua cuando sube la marea y que una enorme piedra protege de las aguas profundas del Atlántico. La tarde del viernes, Yashira se encontraba en esta playa con su hermana Noemí Pagán Reyes, de 15 años y con los jóvenes José Feliciano Torres, de 19 años, y Rolando Feliciano Torres, de 16.


“Mi hija Noemí me dijo que una ola bien grande saltó por la roca y también se coló por la derecha y por la izquierda (de la roca). Noemí sujetó a Yashira pero el agua era tan fuerte que se la sacó de los brazos”, relató Jinette Reyes, madre de la infortunada.

“Noemí me dijo gritando que ella hubiera querido que el mar se la llevara a ella. La nena no dejaba de gritar”, recordó Reyes cuando llegó hasta su hija sobreviviente el viernes a las 6:00 p.m.

“Tan pronto lo supe vine para acá”, agregó Reyes, quien también se encontraba en el balcón de la casa de playa y no dejaba de mirar el mar.

El matrimonio está separado desde hace 10 años. Pero desde tres meses atrás las niñas abandonaron la casa de la madre en el pueblo de Manatí y se fueron a vivir con su padre.

Pagán Rosario, quien reside en Arecibo, dijo que para que las niñas no perdieran el semestre escolar en la escuela Augusto Cohin, de Manatí, las dejó entonces con su padre y abuelo de éstas, en el sector Cantito, del barrio Boquilla de este pueblo.

“El jueves vine a traerles la compra y me pidieron permiso para ir a la playa el viernes. Yo les dije que no. Pero como insistieron tanto y dijeron que iban a celebrar el cumpleaños de un amigo, las dejé ir”, relató el padre.

“La nena se me graduaba en mayo de sexto grado y tenía buenas notas”, agregó Pagán Rosario sin despegar la mirada del mar embravecido.

Vega dijo que su agencia entró en acción a las 4:07 de la tarde, que fue la hora cuando se recibió la llamada de emergencia en el 9-1-1.

“Cuando llegamos, encontramos a los tres muchachos con heridas en sus extremidades porque el oleaje los arrastró contra las piedras”, dijo Vega.

Mientras caía la tarde, el fuerte oleaje del mar azotaba inclemente la costa ante la mirada cansada de los rescatistas, quienes reconocían que la noche los obligará a suspender la búsqueda. Pero el deseo de recuperar el cuerpo de su hija mantiene en vigilia a los padres. “Ese mar que se llevó a mi hija me la tiene que devolver”, dijo Reyes.

El padre se ocultó cerca de una palma y si dejar de mirar el mar sostuvo: “Ya nada será igual para mí”.