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FALLECE RAMOS OTERO

lunes, 10 de septiembre de 1990
Por: Ileana Cidoncha
EL NUEVO DIA


Chú, para sus familiares y amigos más íntimos pues el prefería no le llamaran por su nombre y jamás lo usó profesionalmente, nació en Manatí en el 1948. Pasó la mayor parte de su vida de adulto en la ciudad de Nueva York donde fue profesor en el Lehman College de la Universidad de la Ciudad de Nueva York (CUNY). Escribía al momento de su deceso la tesis doctoral sobre los narradores puertorriqueños de la generación del setenta, a la que pertenecía. Aunque empieza a escribir a finales del 60 --Concierto de metal para un recuerdo, que fue premio Ateneo en 1967--, como el boom de la narrativa boricua fue en el setenta, se le incluye. Como poeta se asocia con los sesenta, época del boom de la poesía,--los poetas de la Revista Guajana serían unos. En 1975 publica Novelabingo, la colección de cuentos El cuento de la mujer del mar en l979, el poemario El libro de la muerte del 85 y en 1987 Página en blanco y estacato. Pendiente de publicacion, nos dice la poeta y amiga de Ramos Otero, Vanessa Droz, el poemario Invitación al polvo, mientras que la oficina de publicaciones del Instituto de Cultura va a sacar de nuevo la Novelabingo --facsímil de la primera edición. Igualmente, la editorial norteamericana Waterfront Cress tiene en imprenta Cuentos de buena tinta que recoge cuentos dispersos, publicados, pero nunca recopilados, así como una antología con estudio crítico de narradores puertorriqueños del 70 traducidos al inglés, entre los que se destacan Tomas López Ramírez, Ana Lydia Vega, Edgardo Sanabria, Edgardo Rodríguez Juliá, Juan Antonio Ramos, Olga Nolla, Rosario Ferré y Carmen Lugo Filipi.

Recuerda Vanessa la presentación de su libro en 1979 Fuego fúnebre, cuando el autor de voz profunda y portentosísima, vestido de negro, con la cara pintada de blanco leyó sus versos. Había estudiado teatro. Se identificaba y conocía mucho de cine, detalle que se revela en su obra y una de las razones de su perenne pasión por Manuel Puig , de quien fue amigo.

Homosexual abierto, defendió el derecho inalienable de sobrevivir como homosexual en esta sociedad y lo propago sin ambages en su literatura, sin que esto limitara sus temas. ''Su personalidad era fuerte y conflictiva, no tenía pelos en la lengua para decir la verdad. No le venia a mano la hipocresía. Ni aún la mínima de la convivencia. Esto le causaba conflictos con las personas, pero con los amigos era de una lealtad extraordinaria,'' comenta Droz. ''Fue promotor de la literatura puertorriqueña en los Estados Unidos. No solo la suya. Organizaba foros y conferencias. En 1988 hizo en Nueva York la primera conferencia de escritores puertorriqueños de aquí y de allá. Una estupenda oportunidad para el diálogo.

Escribe sobre el José Luis Vega en la antología Reunión de espejos: ''El lenguaje, deliberadamente lírico, a veces ambiguo o mágico, moroso y extremadamente consciente de sí, oscila, como los personajes, entre la realidad y la ilusión. Por otra parte, las estructura del punto de vista narrativo, no solo revelan la riqueza técnica acumulada por la narrativa contemporánea, sino que presenta una innovación formal. De inevitables repercusiones éticas en la conciencia del lector puertorriqueño.''

En su última carta --antes del regreso postrero a la Patria-- a su amigo Juan Antonio Torres escribe: ''La muerte es lo único que no es privilegio de nadie... de más esta decirte que te quiero y a pesar de sentirme tan escéptico toda la vida siempre he valorado ciertas cosas que ya nadie valora: la inteligencia, la confianza, la falta de oportunismo y, sobre todo, el amor y la amistad que siempre han estado ligados. Te quiere, Chú.''