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9 de julio de 2008
Pachy Rodríguez/El Norte
Rod Bristow es tan energético como el conejito de la
batería. Es una leyenda en vida; digna de imitar y
aplaudir. A la edad de acogerse al Seguro Social todavía
sigue en uniforme con el entusiasmo de un adolescente.
El atleta de 66 años sigue adicionando capítulos a su
largo resumé e historial en el deporte. No sólo por su
edad, sino por el rendimiento que despliega sobre un
diamante de béisbol.
Activo con los Playeros de Boquillas, Manatí en el Torneo
Clase A que auspicia el Departamento de Recreación y
Deportes, Bristow recién se convirtió en el lanzador de
mayor edad en hilvanar una blanqueada y al siguiente juego
figurar como bateador emergente y remolcar una carrera.
con largo elevado de sacrificio.
Y aunque no existe un registro en el País que destaque con
precisión los datos de antigüedad en el deporte nuestro,
el sempiterno e inquieto Bristow debió establecer esa
singular marca con su gran labor monticular ante la tropa
de Morovis.
No se trata de un torneo de Masters ni está circunscrito a
categorías o edad particular. Es la pelota Clase A; una
amalgama de talento en ascenso, de ex profesionales y
jugadores con destrezas que prefieren representar la
comunidad en este béisbol dominguero para saciar la sed
que les consume. Y Bristow no es la excepción...
Peloteros que le superan en velocidad, poder y reflejos,
pero que no batean con mucha consistencia los ocho
lanzamientos que dice él tirar. Desde el drop, el in,
screwball y cambios tras cambios, Bristow saca de balance
a casi todos. Entre curvas y maña te veas...
El argot que utiliza para describir sus envíos es tan
antiguo como su edad. Los términos de hoy son otros:
sinker, cutter, slider. Pero él, en su jerga especial, los
llama California y Brooklyn. Burla al opositor por el
ángulo y movimiento del lanzamiento, más que por la
rapidez y rompimiento del pitcheo.
Con lentes para escribir en su libreta de anotaciones, una
cámara digital en el bolsillo y miles de anécdotas por
contar, Bristow es una cura para el aburrimiento y un
libro abierto que no tiene fin. Sí lo deja hablar la
charla jamás acabará.
En 2001, a los 59 años, estableció una marca para la
Coliceba cuando lanzó para los Azucarados de Vega Baja.
Ningún otro ´viejito´ ha osado quebrarle el récord. No hay
necesidad, dice la mayoría...
En una época donde se prolonga la vida útil del atleta -no
al nivel de Bristow, obviamente- ver en acción a un
veterano del juego no sorprende a muchos.
Mario Butler es un ejemplo en el baloncesto, quien con 51
años milita con los Capitanes de Arecibo. Cada entrada a
cancha del Expreso Panameño es un récord.
Jimmy Figueroa, también con 51 y en la Federación de
Béisbol, intenta quebrar la marca de victoria de 160 que
posee Mariano Quiñones.
Hay otros casos en el deporte nuestro de abuelitos
activos. Pero ninguno como Bristow, que a los 66 participa
en una liga elite del País contra rivales más jóvenes.
El legendario Leroy (Satchel) Paige, a los 59 años lanzó
tres entradas para Kansas City en una actividad especial y
escribir el libro de récords en Grandes Ligas.
Bristow no imita a Satchel, aunque se parece. Carga el
número 42 en honor a Jackie Robinson, primer negro en
jugar en Las Mayores e ídolo de su Brooklyn natal.
Por 34 años reside en Manatí, quien le hizo Hijo Adoptivo
en 2000; un honor que le provoca lágrimas.
Rod Bristow es una leyenda en vida que da sabor y esencia
a la pelota del País. Verlo jugar es refrescante...
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