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Gloria Collazo
El rosario cantado que se celebra
anualmente durante el mes de julio, en la comunidad El Cantito en Manatí,
se remonta a las postrimerías del siglo 19. La familia Collazo ha
mantenido la tradición. Según relatado, un día llegaron hasta la
humilde casa de "siña" Inés Avilés( mama Neca), dos hermosos jóvenes
vestidos de blanco. Traían consigo y le mostraron, una figura de la
Virgen del Carmen. Preguntaron si les podía ofrecer una taza de café, a
lo cual ella solícitamente accedió. Pero para sorpresa suya al regresar
de la cocina al balcón, los visitantes se habían marchado dejando en su
batey la figura en madera de la Virgen. Resultaron infructuosos los
intentos por localizar a los extraños forasteros.
Doña Inés interpretó lo sucedido como una señal del cielo e hizo la
promesa de cada año, en su día, cantarle un rosario a la Virgen del
Carmen. Para sufragar los gastos de la celebración visitaba casa por casa
toda la vecindad, portando un cuadro de la virgen y pidiendo limosnas.
El rosario comenzaba a la puesta del sol y se extendía durante
toda la noche y madrugada, hasta la aurora. Durante los descansos se
obsequiaba a los presentes con tembleque, chocolate caliente con galletas,
orchata de ajonjolí, leche con jenjibre y ron cañita "curao";
servidos en ditas y tazas confeccionadas con cocos secos. Ya de madrugada
se servía la sopa caliente. Era grande la cantidad de devotos que
acudían a participar en el acto religioso. La actividad servía además,
como punto de reunión social de toda la vecindad.
Frente al nicho de la Virgen
se ensartaban, en un hilo, dijes de plata confeccionados por artesanos del
lugar. Éstos representan los milagros concedidos por la Virgen a aquellos
que en su profunda fe le pidieron una cura para sus males.
Doña Basilisa Medina, hija de doña Inés, continuó la
tradición. Tal era la magnitud del evento que ya las limosnas y ofrendas
de vecinos no cubrían los gastos.Tomás Medina, hermano de Basilisa
y dueño de la vaquería de El Cantito, vino en su ayuda para cubrir los
costos. Llegado el momento, la responsabilidad de seguir el fiel
cumplimiento de la promesa recayó en Antonia Collazo, quien a su vez
antes de morir, relegó en su hermana Gloria Collazo la encomienda de
continuar la tradición familiar.
En la actualidad, causa tristeza el observar como debido a
multiples factores, el fervor religioso va lentamente menguando y sus
manifestaciones pueblerinas de antaño cayendo en el olvido.
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