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¿Recuerdan aquella cinta cinematográfica de
horror, Poltergeist? En la pantalla vimos como una familia compró una
casa en una urbanización de clase media llamada Cuesta Verde. Lo que desconocían era que un
inescrupuloso desarrollador la había construido sobre un cementerio. Al
final, la casa entera fué tragada por la tierra y desapareció.
Pues algo similar le ocurrió a varias familias en Manatí, cuando
el terreno donde construyeron sus casas cedió por estar ubicado en una
región llena de sumideros.
El artículo que sigue fue tomado del periódico El Nuevo Dia/ 23
de septiembre de 2004.
A defender la zona Kárstica
Por Marga Parés Arroyo
end.mpares@elnuevodia.com
AUNQUE NO son un requisito de ley, cada vez que se planifique algún tipo de desarrollo en la zona kárstica del país se debería realizar un estudio de suelo para
certificar su estabilidad y no tener que lamentar, luego, los derrumbes que puedan ocurrir debido a la fragilidad del terreno.
La zona del karso constituye una cuarta parte de la Isla y se extiende desde Loíza hasta Aguadilla. Según el geólogo Ramón Alonso Harris, es un crimen construir en las zonas kársticas.
Así lo recomendó ayer el geólogo del Estado, Ramón Alonso Harris, durante una audiencia de la Comisión de Vivienda del Senado que investiga las causas que provocan los colapsos de estructuras residenciales en sumideros.
SEGÚN ALONSO Harris, son pocos los desarrolladores que voluntariamente realizan estudios geológicos ya que ninguna agencia de gobierno se los exige.
"Existen técnicas para disminuir el potencial de colapsos, pero las agencias reguladoras no solicitan estos estudios, además de que al desarrollador le cuesta dinero el realizarlos", dijo Alonso Harris, quien está adscrito al Departamento de Recursos Naturales y Ambientales (DRNA).
Según indicó, el costo de estos estudios constituye cerca de un 2% del costo total de la obra. Sin embargo, destacó que la realidad es que el país carece del personal técnico debidamente adiestrado para realizar estos estudios, por lo cual los desarrolladores tienen que traer personal del exterior con el debido conocimiento para realizarlos.
Según informó, la zona del karso constituye una cuarta parte de la Isla y se extiende desde Loíza hasta Aguadilla.
EL KARSO se caracteriza por la roca caliza que ha sido elevada a la superficie por los continuos movimientos geológicos. En la superficie de esta zona se destaca la presencia de sumideros, valles y mogotes, mientras subterráneamente yacen cuevas, ríos subterráneos y acuíferos.
"Sí se puede construir (en la zona del karso), pero lo que hay que determinar es dónde para evitar (futuros) colapsos", sostuvo Harris, quien recordó que, en antaño, muchos de estos terrenos llanos tenían un uso agrícola.
Como ejemplo, destacó que en Manatí yacen unos terrenos rojizos idóneos para la siembra de la piña.
"Tienen unas características que hacen que esta siembra tenga un calibre a nivel mundial. Por eso, mi opinión personal es que cualquier tipo de desarrollo en esta área es un crimen", dijo Alonso Harris.
Según indicó, los desprendimientos de terrenos en el área del karso suceden con frecuencia, cada vez que acontecen lluvias intensas. En vías de buscar soluciones para mitigar los daños que puedan ocurrir en esta zona, el DRNA está estudiando qué han hecho otras partes del mundo que también tienen zonas kársticas, como los estados de Indiana, Kentucky y Tenesí.
De acuerdo con el geólogo, a pesar de los peligros geológicos de esta zona, en el karso, por ser un área particularmente llana y por su ubicación próxima a los expresos y principales vías del país, abundan los desarrollos.
"Aquí han habido desarrollos en zonas que se consideran inestables, como el CDT de Corozal que se construyó aún sabiéndolo", dijo Alonso Harris.
Por su parte, el licenciado José Pérez Aya, asesor de la Administración de Reglamentos y Permisos (ARPE), destacó que esta agencia no cuenta con el personal debidamente adiestrado en el campo de la geología y que su facultad comprende únicamente en aplicar las leyes y reglamentos promulgados por la Junta de Planificación para regular el uso y desarrollo de terrenos para la construcción.
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