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Hacienda La Esperanza |
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La
Hacienda Esperanza fue una de las
más modernas productoras de azúcar de su época. La hacienda fue iniciada
por Fernando Fernández, un militar de carrera
natural de la
provincia de Santander, que arribó a Puerto Rico a finales del Siglo 18. La hacienda
fue ampliándose a través de un proceso de agregación de tierras
comenzado en el 1830. Las tierras que en Manatí heredó su hijo mayor, José Ramón
Demetrio Fernández sumaban unas ochocientas veinticinco cuerdas. En colindancia
con esta finca había otra que pertenecía a otro comerciante de Arecibo
llamado José Medina. Esta segunda finca tenía un tamaño de mil acres.
Las dos propiedades estaban ubicadas en el norte del valle de Manatí y
se extendían por los barrios de Bajura, Tierras Nuevas Poniente, Punta y Boca. Diez años más tarde, la Hacienda La Esperanza comprendía el 85% de los terrenos de la parte baja del valle, al este de el Río Grande de Manatí. La Hacienda La Esperanza era una plantación cuya operación dependía de la mano de obra de esclavos y podría ser caracterizada técnicamente como semi mecanizada; es decir, tenía un molino para la molienda accionado por un motor de vapor, pero los procesos de la evaporación, purgado, y embalado era conducido manualmente. Este método de fabricación de azúcar se caracterizaba por un profundo desequilibrio entre el elemento mecanizado, establecido exactamente al principio de la producción, y el resto del proceso que mantuvo los elementos de la tecnología del siglo 18. La gran capacidad del molino requería una gran cantidad de trabajadores agrícolas (cortadores de caña, recolectores y conductores de carretones), y al mismo tiempo hacía necesario una extensión del equipo de la clarificación y de la evaporación (donde no había ocurrido el cambio tecnológico) de tal modo que aumentaba el número de trenes y de calderas, pero reduciendo la calidad del producto final. Hay bastante evidencia para
asumir que ha habido tres molinos sucesivos en la Hacienda La
Esperanza: Un molino accionado por animales que posiblemente funcionó
hasta las postrimerías del 1830 o comienzos del 1840, con los rodillos
horizontales de hierro; un segundo molino con un motor de vapor pequeño
y una trituradora horizontal que pudieron haber sobrevivido hasta el
final de 1850 o principios del 1860; y el tercer, actual molino,
documentado a fondo por los restos y los expedientes físicos. Hay evidencia concluyente que la tecnología del vapor alcanzó Hacienda alrededor de 1841 con la introducción de un motor de vapor. La única propiedad identificada en expedientes oficiales de 1847 como una hacienda propiamente era la del padre de José Ramón Fernández y Martínez, puesto que solo así se denominaban las unidades productivas mecanizadas o parcialmente mecanizadas. Esto conduce a concluir que la Hacienda La Esperanza habría podido ser la primera en el área en ser mecanizada parcialmente. Las investigaciones arqueológicas industriales en el sitio sugieren de modo categórico que el Marqués hizo alteraciones extensas a la vieja fábrica, para acomodar al parecer un motor de vapor en 1861 y un molino nuevo, posiblemente una caldera nueva, y un segundo “tren jamaicano.”(el término que se utilizaba para la alineación de los equipos utilizados en todo el proceso). El trapiche de la hacienda era movido por una máquina a vapor de balancín, construida en el 1861 en la West Point Foundry, Cold Spring, New York. Está decorada con elaborados detalles góticos y tales elementos de avanzada como ciclo reversible, válvulas de cierre por gravedad y un sistema de movimiento paralelo. Esta maquinaria fue introducida clandestinamente, por el Puerto de Palmas Altas. No empece a esta maravilla tecnológica, el resto del proceso dependía de la mano de obra de los esclavos negros. Según lo mencionado previamente, el Marqués era una figura política muy influyente. Tenía en sus manos tanto poder que le fue posible dividir el territorio que abarcaba el municipio de Manatí en dos, convirtiendo a Barceloneta, un pequeño asentamiento cercano, en un pueblo aparte. Sus motivos eran obviamente económicos; de utilizar las instalaciones portuarias en Manatí que contaba con una aduana, tendría entonces que declarar todo el movimiento de mercancías y de esclavos y pagar impuestos. Por lo tanto, construyó sus propias instalaciones portuarias en Palmas Altas, en la boca del río de Manatí, consiguiendo así la libre circulación para su mercancía. Ésta puede ser la razón por la cual los investigadores no han podido localizar cualquier evidencia de la introducción en Puerto Rico de la máquina de vapor y el trapiche de la West Point Foundry; no hay documentos porque el Marqués no tuvo que declarar a ninguna aduana siendo el dueño de su propio puerto. Para el 1862, el
trapiche de la Hacienda La Esperanza’s producía anualmente 135,000
libras de "moscabado" (azúcar morena)y 500 barriles de melaza. La
hacienda estaba cotizada en 300,000 pesos españoles, o
aproximadamente
300,000 U.S. dólares en oro para la mitad del siglo 19 "tasa
de cambio". La Hacienda
La Esperanza fue documentada durante todo el verano de 1976 por el
Historic American Engineering Record, auspiciado por el
Fideicomiso de Conservación de Puerto Rico. El trabajo de campo,
dibujos a escala, datos históricos y fotografías fueron preparados
bajo la dirección general de Douglas L. Griffin, director de H.A.E.
R. Eric N. Delony, arquitecto principal de H.A.E.R., fue director
del proyecto. Fred Gjessing y Jack Boucher tomaron las fotos del
proyecto.
La Hacienda La Esperanza es uno de los activos más valiosos de el Fideicomiso de Conservación de Puerto
Rico. Los terrenos fueron adquiridos en el 1975 y cuentan con
2,278 cuerdas de terreno, incluyendo varios kilómetros de costa y más de
10 ecosistemas de gran valor ecológico, tales como formaciones del karso y
cuatro distintos tipos de bosque con flora y fauna únicas, las ciénagas que son el habitat de pájaros endémicos y migratorios, dunas cementadas y sistemas del mangle abundantes en vida marina, llanos aluviales ricos en humus para las actividades agrícolas intensivas.También
posee dos importantes estuarios y uno de los pocos bosques costeros que aún existen en la costa del norte de la isla.
El llano aluvial que está presente en la Reserva Natural de Hacienda La
Esperanza es atravesado por el Río Grande de Manatí, por lo que está
sujeto a inundaciones frecuentes. En los predios de la Hacienda se han
encontrado hallazgos arqueológicos pertenecientes a tres culturas
indígenas: Igneri, Ostiones y Taína; además de material colonial
español. Uno de los hallazgos arqueológicos más importantes lo es un
centro ceremonial indígena en la zona costanera, el único centro
ceremonial costero en la región del Caribe.
Análisis de carbón radioactivo remontan su fecha hasta 510 A.D.
La Hacienda fue reconocida como un monumento nacional, siendo añadida en julio de 1976 al Registro Nacional de lugares históricos del Servicio Nacional de Parques de los Estados Unidos.
En el 1984 el Fideicomiso de Conservación comenzó a trabajar en la restauración de las estructuras del área. |
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Majestad
Negra |
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