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Rafael |
| Por María Cristina Juliá En un día como cualquier otro, 11 de noviembre de 1999 para ser exacta, los participantes de la Red Caribeña de Varamientos reciben una llamada alertando la aparición de un bebé manatí cerca de la desembocadura del Rió Mameyes, en Luquillo. Viernes, 19 de septiembre de 2003, luego de tres años y medio de rehabilitación, a un costo de 300,000 dólares, el manatí de 673 libras y 8”2’ de largo está a sólo un paso de regresar al mar. Rafael, bautizado así por sus rescatadores, fue llevado este pasado viernes a la playa donde se ubica el radar de Punta Salinas, en Toa Baja. El Manatí fue trasladado en un camión con aire acondicionado y en donde voluntarios de la Red de Varamientos se dedicaron a echarle agua con hielo durante todo el viaje hasta llegar a su nuevo hogar. El veterinario que trabaja para la red, Luis Figueroa, luego de un último examen, confirmó que Rafael estaba listo para su nueva piscina y ahí prepararse para luego ser devuelto a su hábitat natural. Su nueva “piscina” consta de unos 15,000 pies cúbicos, espacio suficiente para su comodidad y perfecto como hogar temporero. Según la Red de Varamiento, el Manatí permanecerá allí por tres meses en el proceso de separación de los integrantes de la Red, a quienes se acostumbró. La ventaja, para Rafael, de la playita es que es muy visitada por otros manatíes que van en busca de un lugar para refugio o descanso. En diciembre, el portón que separa su piscina del resto del mar será abierto para que Rafael interactúe con otros manatíes. Lo que se espera lograr con esto es que otros de su especie le enseñen a como entrar y salir de su piscina y así que algún día diga adiós a su antiguo hábitat y hola a su nuevo hogar. En su cola se le amarrará un transmisor para poder rastrearlo cuando sea liberado en diciembre. Rafael es un manatí joven que se espera se reproduzca y contribuya a detener la extinción de su especie, de los cuales sólo existen 200 en el mundo.
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