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La Hacienda Monserrate fue fundada por
Salvador Calaf y Serra, de origen catalán. Salvador Calaf era
prestamista y además se dedicaba a la venta de piezas de repuesto
para las centrales azucareras. Comenzó el cultivo de la caña de
azúcar en el 1845 comprando 50 cuerdas de terreno. Con el transcurso
del tiempo siguió adquiriendo terrenos adicionales puesto que muchos
hacendados le vendieron sus tierras o cedieron propiedades como
saldo para sus deudas. Salvador Calaf contrajo segundas nupcias con
Petrona Vega, quien había heredado una hacienda de su familia. Las
tierras que ella recibió se unieron a las de Calaf y juntos fundaron
la hacienda Victoria que en 1863 se convirtió en
la Hacienda de la
Monserrate. La Hacienda Monserrate llegó a tener una extensión de
1,845 cuerdas al unir once haciendas y siete fincas. Federico Calaf y
Rivera, hijo único del catalán Salvador Calaf y de la
manatieña Joaquina Rivera fue el administrador de la hacienda durante
las décadas del 1880 a 1890. Encargó el diseño y construcción de la
mansión en la hacienda al arquitecto Del Valle.
El hacendado Salvador Calaf de Manatí es
un ejemplo de aquellos que emplearon la estrategia de la modernización
gradual con éxito. Ángel L Vázquez Medina señala que Calaf modernizó
gradualmente su ingenio, entre 1873-1894, hasta convertirlo en
central- la Central Monserrate de Manatí. Además, empleó estrategias
distintas para asegurarse la mano de obra necesaria para las
operaciones de su ingenio y central, una de estas fue comprar las
haciendas y estancias próximas a su ingenio, asegurándose así la mano
de obra de aquellos que vivían y trabajaban como peones en ellas. Sin
embargo, lo más probable es que Calaf le otorgara a estos ciertas
concesiones para asegurar su mano de obra durante la zafra- como usar
algún predio de terreno para su vivienda y usufructo-, aunque Vázquez
Medina no abunda sobre ello. (Vázquez Medina, 1986, pp. 184-196) Éste
debió ser el caso por la competencia que entonces existió entre los
hacendados para atraer los trabajadores que necesitaban. No obstante,
este tipo de concesiones tampoco propiciaba su proletarización pues
permitía a los trabajadores ciertos medios de subsistencia
independientes de sus salarios.
La avanzada tecnología de las centrales norteamericanas, el
desmesurado latifundio y las ventajas en el mercado estadounidense
tuvieron como resultado una apabullante competencia a la industria
local. Concientes de esto, los hermanos Jaime y Federico Calaf
revitalizaron a fines del siglo XIX la central, adquiriendo nueva
maquinaria de alta tecnología. Incluso se construyó un tramo
ferroviario que conectaba la central con la finca La Alianza de
Don Agustín Collazo en Morovis.
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En 1934 el Congreso de los Estados
Unidos aprobó la Ley Jones-Constigan. Esta establecía una cuota a la
importación de azúcar al suelo norteamericano. Como resultado de esta
legislación quedaron almacenadas un millar de toneladas de azúcar,
hasta que el Secretario de Agricultura Federal otorgara el permiso de
exportación. La revisión de las cuotas dio lugar al Sugar Act
de 1937. Ya para entonces las pérdidas habían sido cuantiosas.
La recuperación de la Monserrate fue lenta. No fue hasta 1948 que
logró producir y superar nuevamente las 20 mil toneladas de azúcar.
Excelentes administradores como fueron Don Francisco A. López
Domínguez, Don Federico y Don Antonio Calaf, lograron mantener la
central operando, a pesar de el cierre progresivo de centrales
azucareras en el país. El nuevo modelo de desarrollo económico fue la
estocada mortal. En la segunda mitad del siglo XX las administraciones
gubernamentales relegaron a un segundo plano la industria agrícola,
enfatizando en su lugar a la manufactura. No pudiendo competir con la
nueva realidad económica, en 1972 la central Monserrate detuvo sus
engranes para siempre.
En la actualidad, lo único que
queda, como mudo testigo de su pasada grandeza es la chimenea. Está
enclavada en los terrenos que ahora ocupa la Safety Kleen, empresa
dedicada al manejo de desperdicios químicos tóxicos. La chimenea
representa un riesgo para las instalaciones en caso de un huracán, así
que.... |